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Artículo de Levante-emv sobre arte rupestre en Chelva

LEVANTE. El Mercantil Valenciano. Viernes, 25 de abril de 1997.

Un paraje de difícil acceso de Chelva conservaba desde hace casi 7.000 años escenas de caza pintadas sobre las rocas. Los arqueólogos las localizaron recientemente y un experto de Cultura confirmó ayer que son una muestra del arte rupestre levantino. PACO SIMÓN.

Dos escenas de caza pintadas en el neolítico -5.000 años antes de Cristo- han sido descubiertas en un paraje de Chelva, en la comarca de Los Serranos. El arqueólogo y director del Museu de la Valltorta, Rafael Martínez, ha confirmado que se trata de representaciones propias del arte rupestre levantino por lo que se incluirán en el expediente que se remitirá a la Unesco para que se declaren patrimonio de la humanidad estas manifestaciones artísticas prehistóricas.Ciervo

La posible existencia de este abrigo se conocía desde hace tiempo, pero no fue localizado hasta que no se realizaron recientemente prospecciones arqueológicas en la zona. El Ayuntamiento de Chelva solicitó a la Dirección General de Patrimonio que fueran examinadas por un experto y ayer Rafael Martínez comprobó su autenticidad. El especialista, el alcalde Joaquín Solaz; el concejal de Agricultura, Amando Gómez; la técnica municipal de cultura, Gloria Ródenas; el arqueólogo Javier Navarro y un agente forestal se desplazaron hasta el lugar para estudiar las medidas de protección que se van a adoptar. Técnicos y autoridades acordaron colocar unas rejas que impidan el acceso directo y comenzaron a diseñar un plan de prospecciones en todo el barranco para tratar de hallar más pinturas.

Un gran ciervo.

De las cuatro figuras que han aparecido destaca por su tamaño -unos 50 centímetros- un ciervo, “que es una de las representaciones de animales más grandes que se han localizado en la Comunidad Valenciana”, asegura Martínez. El animal está en posición estática y tiene una mancha en el cuello que indica una herida. En el mismo plano -la parte superior del abrigo- se pueden apreciar los rasgos de un arquero con el cuerpo inclinado hacia delante y portando el arco en un brazo “como si corriera persiguiendo al ciervo”, señala el especialista.

Abajo, en la parte vertical, se contempla otra escena de menor proporción que incluye dos figuras humanas, una de ellas llevando un arco. Tras esta observación preliminar, Rafael Martínez sospecha que tenían una función informativa -advertir de la presencia de caza- “ya que en las pinturas mágico-religiosas se presenta a los animales en una zona destacada, dándoles una imagen sacra”.

El estilo, su disposición en escenas y su carácter narrativo convierten estas pinturas en una muestra del arte rupestre levantino, “que era exclusivo de la población autóctona de esta zona de la Península”, afirma el arqueólogo. Algunos autores señalan que estas manifestaciones eran una evolución del arte del paleolítico (Altamira), pero otros aseguran que se produjo como consecuencia del encuentro entre los indígenas (cazadores-recolectores) y los nuevos pobladores (agricultores) que llegaron en el neolítico; Martínez destaca estas diferencias con el paleolítico “donde las pinturas no representaban escenas y las figuras eran más estáticas”.

Yacimientos del Bronce

Los arqueólogos que han trabajado en la zona también han descubierto varios poblados de la Edad del Bronce (1.500 años a.C.) “que demuestran que desde esa época se ha mantenido en la comarca similares esquemas de poblamiento: un poblado y pequeñas aldeas”, explica Javier Navarro. Además, algunos de esos pobladores podrían ser los autores de las pinturas “ya que vivían de forma ocasional en los abrigos situados junto al paso del ganado para poder cazar”.

Navarro, Gloria Ródenas y otras personas interesadas en el patrimonio de Los Serranos tratan de implicar a las entidades locales y autonómicas para recuperar estos bienes “y establecer rutas que propicien el turismo de interior”, explicó el arqueólogo. En el mismo sentido se manifestó el alcalde de Chelva, Joaquín Solaz, “queremos proteger estas pinturas, los yacimientos y el casco histórico de la ciudad porque el turismo es casi nuestra principal fuente de ingresos”.


Ruta cicloturista de Peña Cortá en Levante-emv

Según se puede leer, será el sábado 8 de Mayo.


Artículo Levante EMV 29-10-08

Los siglos han tratado con cariño el acueducto de Peña Cortada, un valioso monumento que invita a remontar el río Blanco para descubrir la belleza del barranco de la Cueva del Gato.

Teresa Casquel Tomás*
El interior de la provincia de Valencia se ve atravesado por el Turia que recorre La Serranía de occidente a oriente, del frío y severo interior de soledades hacia la costa suave y concurrida; el camino del río es cometa que va dejando la estela de su riqueza, navaja que con su filo parte relieves y reparte bondades y escultor que con su cincel moldea el rostro de la comarca entera; gracias a él, las montañas de La Serranía se llenaron de gentes que desde la prehistoria acudieron a su llamada y se levantaron poblaciones antes o después de que el bravo río atravesara potentes masas montañosas; allí donde unas pocas huertas dieran sustento, donde hubiera un pequeño respiro en el accidentado relieve, allí aparecieron pueblos como Chulilla, Gestalgar o el antiguo Benagéber.
En el tramo medio de su curso, el Turia vertebra el territorio como diría un geógrafo, es imán para naturalistas y excursionistas y reposo del turista poco activo, pero receptivo.
La línea que marca el Turia ha unido solidariamente los pueblos a donde llega tarde o temprano su influencia, y sus afluentes, hijos de una misma madre, acuden a la cita desde los más lejanos rincones de la comarca.

Foto: Paso inferior. Detalle de una puerta natural abierta en la roca.  Clara Ros

Foto: Paso inferior. Detalle de una puerta natural abierta en la roca. Clara Ros

Dentro de este marco geográfico serrano y para llegar al lugar privilegiado donde se encuentra el monumento excepcional de la Peña Cortada, afortunado tanto por la perfección en su técnica constructiva como por el cariño, casi mimo, con que los siglos lo han tratado, hay que remontar la cuenca que alimenta al río Blanco, ya que el barranco de la Cueva del Gato, entre cuyas paredes se encaja el acueducto romano, es un tributario de la rambla de Alcotas, que a su vez lo es del río Tuéjar o Chelva y por fin todo va a desembocar al mayor colector comarcal. Los pueblos de Chelva y Calles se ven unidos y separados por esta obra de ingeniería civil, admirable desde cualquier punto de vista. Un itinerario que consigue hermanar a estos pueblos y permite al caminante admirar obras de arte, tanto naturales como humanas, resulta gratificante.
Los ingenieros romanos que se encargaron de las obras hidráulicas, los “hidralarius”, diseñaron y llevaron a cabo al pie del pico del Remedio de Chelva, una conducción de agua, aérea en dos tramos con sendos acueductos, abriendo una serie de galerías excavadas en la roca, así como una hendidura en una pared rocosa a cielo descubierto que le da nombre al conjunto monumental de la Peña Cortada.
En la Roma imperial, una vez superadas guerras e insurrecciones republicanas, será momento de planificar la construcción de estructuras de esta importancia; los romanos serán los primeros en la organización de los territorios de forma global, para abastecer a las ciudades de agua y crear zonas de regadío mediante obras hidráulicas que son construcciones sólidas y se diseñan con precisión.
Sin datos documentales sobre la finalidad de este sistema situado en La Serranía, quizás fue su destino la zona de regadío en las inmediaciones de Llíria, aunque hay versiones más aventuradas que lo hacen llegar hasta Sagunto.
Viajando por nuestra tierra valenciana, comprobamos como el paisaje es el resultado de diferentes transformaciones seculares, una sobre otra y aún otra más; encontrar un lugar donde la historia se ha detenido, donde la obra milenaria apenas se ha modificado, quizás por lo recóndito de su situación, es algo asombroso; lo natural y lo cultural han hecho un paréntesis en el barranco de la Cueva del Gato y es de agradecer.
Asentados sobre el roquedo del cauce, se levantan pilares que sostienen tres arcos del acueducto, lo vemos tal y como fue concebido por los “acuarii”, técnicos en el arte de la construcción del arco arquitectónico. Impresiona adelantar la mirada sobre las peñas para comprobar la profundidad, la solidez y la magnitud del canal elevado; como si de un cuadro se tratase, la pintura apenas se distingue del marco, porque el congosto se fusiona, después de tantos siglos, con los sillares labrados y la armonía es completa, perfecta.
*Centre Excursionista
de València


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